En Las once mil vergas Apollinaire asegura que a Mony le excitan las fantasías funambulescas, quiere mujeres, cuenta que alguna vez persiguió una ninfa en los bosques susurrantes hasta que su miembro endureció de repente y la ensartó tres veces. De cómo estuvo que hable mejor lo siguiente: mis testículos se bambolearon como frutos pesados y ella alcanzó una posición imposible para una europea.
Aun así, Mony continuó buscando la canasta y, como turbado, dijo, apenas antes de perder la paciencia:
--En fin, ¿es esto un burdel o un asilo?
Pero no hubo respuesta, los dioses las estaban protegiendo.
Entonces Mony se emborrachó durante veinte días.
Cuando despertó, preguntó si acaso habían llegado las japonesas.

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